Por qué la ansiedad de alto funcionamiento suele pasar desapercibida en los adultos
Cuando ser responsable, cumplir con todo y estar disponible para los demás comienza a costarte tu tranquilidad.
Cumples con tu trabajo. Estás pendiente de tu familia. Recuerdas lo que necesitan los demás y haces todo lo posible para que las cosas salgan bien.
Desde afuera, pareciera que tienes todo bajo control.
Pero cuando termina el día, tu mente sigue trabajando.
Repasas conversaciones, piensas en lo que pudiste haber dicho de otra manera y te preocupa decepcionar a alguien.
Incluso cuando finalmente tienes tiempo para descansar, aparece una incómoda sensación de culpa.
Las personas suelen describirte como una mujer fuerte, responsable y capaz.
Lo que quizás no ven es lo agotador que resulta sostener todo eso.
Esta experiencia puede relacionarse con lo que comúnmente se conoce como ansiedad de alto funcionamiento.
Aunque no es un diagnóstico clínico formal, el término se utiliza para describir a personas que cumplen con sus responsabilidades mientras experimentan preocupación constante, autoexigencia o tensión emocional.
Y precisamente porque continúan funcionando, su malestar puede pasar desapercibido durante años.
Cuando la ansiedad se esconde detrás de ser una mujer responsable
Hay formas de ansiedad que no son evidentes para quienes nos rodean.
A veces se expresan mediante comportamientos que reciben reconocimiento y admiración.
Eres la empleada que siempre entrega todo a tiempo, aunque por dentro sientas miedo de equivocarte.
Eres la amiga que nunca dice que no, aunque estés emocionalmente agotada.
O quizás eres la mamá que está pendiente de cada detalle de la familia, pero sientes culpa cuando necesitas un momento para ti misma.
Con el tiempo, estas conductas pueden convertirse en parte de tu manera habitual de relacionarte con el mundo.
Y comienzas a decirte:
"Yo siempre he sido así.”
Pero vale la pena preguntarte si haces todo eso porque realmente lo deseas o porque sientes que no tienes permiso para hacerlo de otra manera.
Cuatro situaciones cotidianas que podrían resultarte familiares
1. En el trabajo todos confían en ti, pero tú dudas constantemente de ti misma
Tu supervisora reconoce tu esfuerzo.
Tus compañeros saben que pueden contar contigo.
Sin embargo, después de entregar un proyecto, pasas horas preguntándote si cometiste algún error.
Revisas tus correos varias veces antes de enviarlos.
Te cuesta delegar porque sientes que, si algo sale mal, será tu responsabilidad.
Cumplir tus metas te da alivio, pero pronto surge una nueva preocupación.
2. Dices que sí cuando realmente quieres decir que no
Una amiga te pide un favor.
Tienes demasiadas cosas pendientes y necesitas descansar.
Aun así, respondes que sí.
Después te sientes frustrada, pero imaginar que podrías decepcionarla te genera más ansiedad que asumir otra responsabilidad.
Entonces sigues dando.
En algunas personas, complacer a los demás se convierte en una manera de evitar conflictos, proteger los vínculos o disminuir el miedo al rechazo.
Quizás aprendiste hace mucho tiempo que mantener contentos a los demás era la mejor manera de sentirte aceptada.
3. Descansar te hace sentir culpable
Llega el fin de semana.
Finalmente tienes unas horas libres.
Pero en lugar de disfrutar ese tiempo, comienzas a pensar en todo lo que te falta por hacer.
La ropa pendiente, los mensajes sin contestar, el trabajo y las necesidades de tu familia.
Te prometes que descansarás cuando termines.
El problema es que siempre aparece algo más.
En ocasiones, mantenerse constantemente ocupada también puede convertirse en una forma de manejar emociones incómodas o evitar la incertidumbre que surge al detenerse.
4. Sientes que eres responsable de las emociones de todos
Tu pareja está más callada de lo habitual.
Inmediatamente comienzas a preguntarte:
"¿Habré hecho algo malo?"
Repasas la última conversación.
Analizas sus expresiones y buscas cómo asegurarte de que todo esté bien.
Aunque nadie te haya dicho que hay un problema, sientes que debes resolverlo.
Vivir pendiente de las reacciones de los demás puede convertirse en una carga emocional considerable.
Especialmente cuando has aprendido a creer que mantener la paz depende de ti.
¿Por qué nadie lo identificó cuando eras más joven?
En algunas personas, estos patrones comenzaron en la infancia o en la adolescencia.
Quizás eras la niña responsable que nunca daba problemas.
Tal vez recibías reconocimiento por ser madura, obediente, independiente o por obtener buenas calificaciones.
También es posible que hayas crecido en un ambiente en el que expresar el desacuerdo provocaba tensión, críticas o distanciamiento emocional.
En ese contexto, pudiste aprender a anticiparte a las necesidades de los demás, a evitar errores o a guardar silencio para mantener la tranquilidad.
Esas estrategias pudieron ayudarte en determinados momentos de tu vida.
Pero algunas pueden resultar emocionalmente agotadoras en la adultez.
Además, cuando una persona sigue cumpliendo con todas sus responsabilidades, es posible que quienes la rodean no reconozcan su sufrimiento.
Los maestros veían a una buena estudiante.
En el trabajo encontraban a una persona confiable.
La familia veía a alguien que podía resolverlo todo.
Mientras tanto, lo que sentías internamente podía quedar en segundo plano.
Esto no significa que todas las personas perfeccionistas o complacientes tengan ansiedad o hayan vivido experiencias traumáticas.
La historia familiar, la personalidad, las expectativas culturales y las circunstancias actuales también pueden influir.
Cada historia merece ser comprendida de manera individual.
¿Puede ayudarme la terapia si llevo tantos años viviendo así?
Quizás te has preguntado:
"Si he podido con todo durante tanto tiempo, ¿realmente necesito terapia?"
Es una pregunta válida.
Has construido una vida, asumido responsabilidades y aprendido a resolver situaciones difíciles.
Sin embargo, ser capaz de cumplir con todo no implica necesariamente que te sientas bien emocionalmente.
La terapia puede ofrecerte un espacio para comprender patrones que quizás nunca habías cuestionado.
Por ejemplo, puedes comenzar a reconocer por qué decir que no te produce culpa, por qué equivocarte genera tanta preocupación o por qué sientes que debes hacerte cargo del bienestar emocional de los demás.
También puede ayudarte a examinar tus expectativas personales, practicar límites más saludables y desarrollar maneras de relacionarte contigo misma con menos autoexigencia.
No tienes que dejar de ser una persona responsable, amorosa o comprometida.
Puedes conservar esas cualidades y, al mismo tiempo, aprender a reconocer tus propias necesidades.
Poco a poco, puedes comenzar a tomar decisiones con mayor libertad, sin sentir que siempre debes ganarte la aprobación de los demás.
No tienes que esperar hasta sentirte completamente agotada
Octubre es el Mes de Concientización sobre el TDAH, una oportunidad para recordar que algunas dificultades emocionales y de atención pueden pasar desapercibidas cuando una persona parece desenvolverse bien.
El TDAH y la ansiedad son experiencias distintas, aunque en ocasiones pueden coexistir. Cuando existen dudas, una evaluación profesional puede ayudar a comprender mejor lo que ocurre.
Más allá de cualquier fecha de concientización, tu bienestar emocional merece atención.
Puedes sentir orgullo por todo lo que has logrado y, al mismo tiempo, reconocer que algunas de las formas en que has aprendido a enfrentar la vida te están agotando.
Tal vez sea momento de hacerte una pregunta diferente:
"¿Cómo sería mi vida si pudiera descansar sin culpa y dejar de preocuparme constantemente por decepcionar a los demás?"
Un espacio para comenzar a escucharte
Soy Ana Baratta Posada, consejera clínica licenciada, con un enfoque terapéutico integrativo e informado sobre el trauma.
Mi trabajo incluye acompañar a personas que experimentan ansiedad, culpa, autoexigencia y dificultades para establecer límites en sus relaciones.
Si estás cansada de sentir que tienes que sostenerlo todo, la terapia puede ofrecerte un espacio para comprender mejor tu experiencia y considerar los cambios que deseas hacer.
Ofrezco servicios de consejería en las jurisdicciones en las que estoy autorizada para ejercer: Ohio, Florida, Indiana y Puerto Rico.
Si buscas apoyo psicológico en Cincinnati, OH, y Guaynabo, PR, o deseas conocer las opciones de consejería disponibles, puedes comunicarte conmigo cuando te sientas lista.
Este artículo tiene fines educativos y no sustituye una evaluación profesional ni establece un diagnóstico.